Ha llovido mucho
desde 1981, año en el que se fundó una de las leyendas vivas del
“Metal”. Formación nacida en Los Ángeles y con base fijada en
San Francisco, con el paso de los años, Metallica ha ido ascendiendo
en el escalafón de la fama hasta llegar a convertir su nombre en
sinónimo de metal y hard rock. En su camino hacia el éxito han
dejado tras de sí ríos de tinta, reacciones adversas y críticas
por parte de algunos medios y de alguna que otra facción de fans
descontenta.
Disco
a disco Metallica han ido experimentando. Su sonido ha evolucionado
con el tiempo y no siempre se ha entendido, sobretodo en la década
de los 90's, donde este cambio fue más drástico y que ha sido una
constante en su hoja de ruta sonora hasta llegar a la actualidad.
Pero... Seamos realistas, si perteneces a ese sector de fans que
anhela una vuelta al thrash metal de sus inicios o un regreso a lo
que muchos consideran el “buen camino”... ¡Despierta! Eso no va
a ocurrir. Esto no quiere decir que la banda no sea capaz de facturar
un buen disco, es más, te diré que soy de esos a los que las
últimas producciones del cuarteto no ha tocado la fibra como otras
obras de antaño, pero reconozco que con Hardwired...
To self-destruct
han vuelto a remover algo en mi interior.
En
esta ocasión los de San Francisco han unido esfuerzos con Greg
Fidelman
para producir y mezclar este nuevo largo. Greg ya trabajó con la
banda en Death
Magnetic
(2008) como ingeniero de sonido y en las mezclas, aunque las labores
de producción corrieron a cargo, en aquella ocasión, de Rick
Rubin.
Juntos esta vez han conseguido un sonido más limpio, compacto y
pesado que el de su predecesor. Si con Death
Magentic
la gente hablaba de una vuelta a sus raíces primigenias, con
Hardwired...To self-destruct
nos vuelven ha trasladar en el tiempo para rememorar las sonoridades
más aclamadas de su pasado.
Hace
tan solo unas horas he tenido el privilegio de escuchar el álbum
completo y estas son las impresiones que me ha hecho llegar...
